La dinámica social en el crecimiento y desarrollo de la
humanidad ha ido y va atravesando cambios en diversas etapas dentro de una
estructura económica: de fuerzas productivas y relaciones sociales de
producción y una superestructura que rige relaciones interpersonales de una
sociedad. Lo que conlleva a la evolución en forma y fondo a la atención de
necesidades sociales a partir de diversos modos de producción que han ido
cambiando desde los inicios de la humanidad: comunidades primitivas, sociedades
solidarias con gobierno, esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el
socialismo.
Surge como sociedad organizada la necesidad de gobierno,
administración y gestión de los elementos, recursos y personas, para la
atención de necesidades individuales de personas que las conforman. A partir del análisis del entorno: hechos y fenómenos
historicos, sociológicos, políticos, económicos
y tecnológicos; las sociedades ha ido estableciendo organizaciones tanto a
nivel de fuerzas de producción como relaciones sociales de producción de manera
progresiva a lo largo de los diversos modos de producción para la satisfacción
necesidades inicialmente las fisiológicas y las de seguridad, y posteriormente
de afiliación, reconocimiento y autorealizacion.
En medio de acontecimientos sociales el término gestión; una
palabra que se ha hecho hegemónica su utilización en los sectores públicos,
privados y sociales, de la mano de concepciones empresariales o administrativas
de los procesos sociales, institucionales u organizacionales. Por ello se
plantea, aclarar el vocablo gestión y con el verbo gestionar como determinar cuál
es el alcance de estos términos en el marco de las organizaciones.
El significado etimológico del término gestión, proviene de
verbo latino “gerere”, que ya en la lengua de Cicerón significaba conducir (…)
y dirigir, e incluso, gobernar (Aktouf, 1998, 18). [1]
El verbo gerere significa:
- llevar adelante o llevar a cabo,
- cargar una cosa,
- librar una guerra o trabar combate,
- conducir una acción o un grupo,
- ejecutar, en el sentido de un artista que hace algo sobre un escenario.
Frente a cambios constates del entorno externo e interno (y
cambiaran permanentemente) las coordenadas de las realidades en las que nos
movemos y, al mismo tiempo, nosotros (como instituciones o como personas) somos
partícipes de esas transformaciones de los escenarios sociales dentro de los
cuales actuamos, la gestión viene a ser un desafío de cada momento.
El desafío de gestionar, en cuanto actuar creativamente
gestando procesos colectivos, nos lleva a adoptar una actitud histórica y
analítica de los hechos: el pasado no puede repetirse ni el futuro, como imágenes referenciales llevan
a negar las condiciones del presente. Dado que
esto significa desaprovechar las condiciones como oportunidades y
amenazas existentes detonantes de la gestión para producir procesos colectivos
a partir de las situaciones y las condiciones vividas, que tienen un sentido
histórico.
Cuando se habla de gestionar, entonces, se hace referencia a
la forma a través de la cual un grupo de personas establece objetivos comunes,
organiza, articula y proyecta las fuerzas, los recursos humanos, técnicos y
económicos. En este sentido, la gestión es un proceso de construcción colectiva
desde las identidades, las experiencias y las habilidades de quienes allí
participan. Esto quiere decir que el proceso de gestión no debe apuntar a la
negación o aplanamiento de diferencias, o al acallamiento de conflictos; sino
que necesariamente debe articularlos, construyendo procesos colectivos, donde
lo “colectivo” no es lo homogéneo, sino una plataforma y un horizonte común,
una trama de diferencias articuladas en una concreción social. Lo que implica
el reconocimiento y la producción de una cultura colectiva, organizacional o
institucional.
Por eso, gestionar es más que conducir. La acción de
gestionar atraviesa a toda la institución, en sus relaciones inmediatas, en la
coordinación interna, en las maneras de establecer o de frustrar lazos de
trabajo, comunidades de trabajo, en la selección de determinados medios, en el
conjunto de opciones que se adoptan a la hora de interactuar con el entorno:
otras instituciones. No es sólo conducción o dirección, aunque las implique. Es
coordinación de procesos de trabajo en el marco de una organización, donde se
dan roles y tareas diferenciadas, que en principio pueden ser articuladas
generando niveles de gestión.
En definitiva, la gestión siempre implica:
- Un trabajo de diagnóstico (entendido incluso como reconocimiento de nuestros interlocutores o grupos de interés, sus marcos de referencia y sus campos de significación),
- Construcción de la memoria colectiva (que otorgue sentido histórico a los procesos),
- Análisis e interpretación del presente común (que permita la articulación de diferencias y la creatividad frente a problemas y desafíos) y
- Construcción del proyecto institucional (como un camino nunca prefijado del todo donde confluyen imaginarios, expectativas, quehaceres, prácticas, identidades y experiencias diferentes).
Es por eso que la secuencia
diagnóstico-planificación-gestión, así presentada en forma lineal, puede
resultar engañosa. En realidad, se trata de una totalidad cuyos elementos no se
suceden linealmente sino que forman parte de un todo inseparable. A los fines
prácticos, diagnosticamos desde y para la gestión, y planificamos desde y para
la gestión. Ambas actividades -diagnosticar y planificar- son funciones de la
gestión.
La ciencia de la Gestión
Las ciencias de gestión se encuentran en proceso de
construcción, y en este proceso se han nutrido de múltiples ciencias y
disciplinas para su consolidación, entre las cuales se puede mencionar el
derecho, la ingeniería, la economía, la psicología, la sociología, las
matemáticas (métodos cuantitativos), la antropología y la ciencia política.
Situación que de alguna manera ha puesto en cuestionamiento su propio cuerpo
teórico y evidencia la necesidad, que por lo tanto existe, de apelar a una
epistemología que explique y valide los nuevos desarrollos que se generan desde
dichas ciencias (Romero, 1998)[2].
Para Pérez (1998)[3],
las ciencias de gestión encuentran su posicionamiento científico según su grado de implicación y
de aplicación, se interesan en las
organizaciones en general, al provenir de las ciencias humanas y sociales y
buscan no solamente analizar las organizaciones, sino también mejorar su
funcionamiento, lo que las conduce a ser disciplinas “profesionalizantes”. A
partir de esto Pérez, plantea que las ciencias de gestión son a la vez científicas,
tecnológicas y profesionales:
- Científicas: Porque reposan sobre una vena de conocimientos nutrida por la investigación.
- Tecnológicas: Porque implica un cierta cantidad de “Saber-Hacer”, en unión con los procedimientos y/o los equipamientos específicos.
- Profesionales: Porque busca preparar en determinados oficios.
La evolución de la disciplina administrativa ha conducido a
la reflexión sobre la forma como se desarrolla la acción de quien gestiona
(sujeto), y también se ha hecho preguntas alrededor del objeto, es decir hacia
dónde va dirigida la gestión. Dicha evolución ha sido notoria en el último siglo,
no sólo en lo que se refiere a la generación
de nuevas herramientas, necesarias para la práctica de la gestión, sino también
en el proceso de consolidación de un cuerpo teórico propio.
En la actualidad hablar de Gestión de Organizaciones[4]
implica responde a la evolución que ha tenido la disciplina Administrativa y
encontrar un camino pertinente para responder a los nuevos retos del entorno.
En un mundo que cambia continua-mente, las formas tradicionales de la
administración no permiten responder a las exigencias actuales a las que están
expuestas las organizaciones. La comprensión de las organizaciones como un
todo, en las que cada uno de sus subsistemas, (de finanzas, recursos humanos,
mercadeo, producción) son partes interconectadas se
convierte en una perspectiva pertinente para su comprensión e intervención, ofrecida
por el paradigma de la complejidad.
Los gestores no ocupan la mayor parte de su tiempo
planificando y ejecutando planes racionalmente diseñados. Más bien todo lo contrario:
la mayor parte de su horario lo ocupa resolviendo crisis imprevistas producto
de elementos irracionales del interior del mundo de la gestión.
Los gestores de organizaciones en la actualidad, deben tener
presente que derivado del nuevo entorno al que se enfrentan las organizaciones,
se ha perdido la importancia de los conceptos de orden, estabilidad y control
frente a los de desorden, conflicto, inestabilidad, diálogo como fuente de
estrategias creativas, favoreciendo la auto organización espontánea. Por tanto,
en un entorno no considerado estable y predecible, sino altamente cambiante e
impredecible, cada vez se hace más difícil planificar, organizar, dirigir o
controlar, por cual los gestores deben aceptar que las capacidades
tradicionalmente reconocidas por la Administración se están quedan-do obsoletas
y rezagadas.
En esa medida el paradigma de la complejidad en la Gestión
de organizaciones, se traduce en un cambiante marco de relaciones: nuevas
relaciones entre directivos y trabajadores del conocimiento; nuevas relaciones
con clientes y proveedores; nuevas relaciones con la sociedad a que se sirve
(responsabilidad social); nuevas relaciones con el pasado y el futuro (cambios,
flexibilidad). Desde esta perspectiva se supera la visión mecanicista y
reduccionista, así como la visión parcializada y funcionalista, lo que
permitirá estructurar respuestas pertinentes al fenómeno organizacional. Se
hace además un llamado a la reflexión sobre los criterios tradicionales que han
imperado en la comprensión e intervención de organizaciones.
[1] Aktouf,
O. (1998). La administración entre tradición y renovación. Cali: Artes gráfcas
del valle.
[2] Romero,
R. (1998) “El desarrollo el conocimiento y la gestión de organizaciones”. En:
Revista Innovar, 11.Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias
Económicas.
[3] Pérez,
R. (1998). Mission sur les disciplines de gestión. Paris: Ministère de
l’Education Nationale; de la recherche et de la technologie
[4] Paula
Andrea López & Andrés Mariño Arévalo (2010). Hacia una evolución en el
campo del conocimiento de la disciplina administrativa: de la administración de
empresas a la gestión de organizaciones. En Revista: Red de Revistas Científicas de
América Latina y el Caribe, España y Portugal Vol. XVIII (2), Diciembre 2010,
75-93
Comentarios
Publicar un comentario